jueves, 28 de agosto de 2014

PERSONALIDADES IRLANDESAS DESTACADAS EN LA ARGENTINA


Mons. Juan A. Sheehy
* 25/09/1857 +04/10/1949

Hablar de Mons. Juan M. Sheehy es relatar la historia de los inmigrantes irlandeses de la ciudad de Rosario y del sur de la Provincia de Santa Fe. Fue uno de esos carismáticos capellanes que llegaron de Irlanda y se constituyeron en padres y pastores de nuestros antepasados.

Mons. Juan M. Sheehy nació en Clogheem, condado de Tipperary, Irlanda, el 25 de setiembre de 1857. Hijo de una familia de fe acendrada. Estudió en el St. John’s College y posteriormente en el seminario Irlandés de París (Irish College of Paris), donde recibió el presbiterado el 12 de junio de 1887. Respondiendo a las necesidades de la colectividad irlandesa en la Argentina, el Arzobispo de Dublín lo eligió para trasladarse a nuestras tierras, donde arribó el 13 de octubre de 1887. Le asignaron la zona sur de la Provincia de Santa Fe, donde se habían asentado muchos de sus compatriotas. Con celo infatigable recorrió la extensa zona de Maggiolo, Cafferata, Venado Tuerto, San Eduardo, entre otras tantas localidades, llevando la Palabra de Dios, los sacramentos y los consejos de su prudencia y sabiduría a las familias irlandesas de la región, a las que llegó a amar como propias. Estos conceptos fueron la expresión corriente de nuestros mayores que lo conocieron y supieron de su personalidad y de su hombría de bien. Don Diego Cavanagh, Presidente Honorario de la Comunidad Argentino Irlandesa de Venado Tuerto, fallecido en noviembre de 1999, fue uno de los últimos que lo recordaba, teniendo en cuenta que cuando Mons. Sheehy misionaba por estos pagos, él era un niño.

En 1892 fundó la actual capilla San Patricio, sita en Avda. Salta de la ciudad de Rosario, para lo cual movilizó a toda su feligresía e hizo traer de Waterford la hermosa imagen de San

Patricio.  Posteriormente echa las bases de la Asociación Católica San Patricio, institución que hasta el día de hoy congrega a los descendientes de irlandeses de esa vasta zona santafesina. Una nota distintiva que lo caracterizó fue su amor por las misiones extranjeras y así fue uno de los sólidos sostenedores de la Obra de la Propagación de la Fe, en forma tal que S.S. Pío XII le concedió la distinción de “Prelado Doméstico”, en
reconocimiento a sus esfuerzos en este campo apostólico.

Mons. Sheehy falleció el 04 de octubre de 1949 a los 92 años, rodeado de la veneración de toda la Diócesis de Rosario y de la Comunidad Argentino Irlandesa del Sur de Santa Fe. Sus restos fueron sepultados en el Cementerio de Rosario hasta 25 de noviembre de 1984, oportunidad en que fueron trasladados y sepultados a la derecha del altar mayor de la Capilla San Patricio.


La ceremonia religiosa fue presidida por el señor Arzobispo de Rosario Mons. Jorge M. López, asistido por los PP. Ignacio Pieres, Carlos Costa e Ignacio Aparicio. Mons. López pronunció la homilía recordando la trayectoria de este noble y bien amado capellán Irlandés.


John James Murphy

*1822 + 13/07/1909

La localidad de Murphy se encuentra en la República Argentina, en el Departamento General López de la Provincia de Santa Fe, distante 150 km de la ciudad de Rosario y 18 km de Venado Tuerto. Su ubicación está a 33º37’60S y 61º52’W, y a 99 metros sobre el nivel del mar. Tiene alrededor de 4.000 habitantes (según censo de 1989) mayoritariamente dedicados a la agricultura y donde se realiza el más importante festival de teatro aficionado del país, que en 2001 congregó más de 14.400 aficionados. (6)

El pueblo lleva el nombre de JOHN JAMES MURPHY, nacido en 1822 en Hayesland, Kilrane, Condado de Wexford, hijo de Nicholas Murphy y Katherine Sinnott. A los 22 años, era un muchacho alto, delgado y muy buen mozo. Junto con sus primos John y Lawrence Murphy y sus amigos John O’Connor, Nicholas Kavanagh, Thomas Sanders, James Pender, Patrick Howlin y otros, emigraron a la Argentina. Antes de partir, John le prometió a su madre que cuando juntara 100 Libras volvería para verla. (10)

El 13 de abril de 1844, dejaron su casa en Kilrane, posiblemente en un coche “Bianconi” hasta Wexford, distante 19 km. Después de Wexford Quay a Fishguard, Pembroke (Inglaterra), y desde allí en una diligencia hasta Liverpool. Gastaron una pequeña fortuna de alrededor de 16 Libras por cada pasaje a Sur América en el bergantín William Peele (16 Libras representaba entonces más de lo que podían ganar en un año). El 21 de abril, con otros 115 emigrantes irlandeses a bordo, el William Peele levó anclas en Liverpool comandada por el Capitán Sprott, y el 13 de mayo pasó por Saint Jago (islas de Cabo Verde). A causa de los vientos en calma, permaneció en medio del océano durante tres semanas. (10). Después de cruzar el océano, es posible que haya hecho este recorrido: Pernambuco, Bahía y Río de Janeiro, para llegar finalmente al Río de la Plata el martes 25 de junio de 1844. Estas espléndidas tierras y la valiente travesía que acababan de realizar inspiraron al maestro Walter Mac Cormack para escribir su poema épico (más bien chauvinista) “The Kilrane Boys” (Los muchachos de Kilrane). Pero por esos días la situación en el Río de la Plata no era tan brillante. Rosas estaba gobernando su segundo período, Montevideo estaba sitiado por Oribe y las fuerzas Francesas y británicas bloqueaban Buenos Aires.

John desembarcó con una Libra en sus bolsillos. Cuando dejó Irlanda, ‘era debido principalmente al trato que los soldados Británicos le daban a los Católicos; todos tenían que jurar lealtad al trono de Inglaterra y renunciar a su religión, de lo contrario eran despojados de sus bienes, de manera que no había granja o negocio que pudiera prosperar bajo semejante régimen’. (10) Una vez en la Argentina, John tomó ventaja con su ciudadanía británica y su origen irlandés, que lo llevaron a contactarse con los comerciantes ingleses y los sacerdotes irlandeses en Buenos Aires. De esta manera, ‘se fue a trabajar cerca de Chascomús con una muy conocida familia argentina, que jamás le pagó un centavo por cavar zanjas. En aquellos tiempos no se conocían los alambrados, de manera que las ovejas eran cercadas entre los vecinos por estas trincheras profundas.  Ese fue su primer trabajo en la Argentina’. (10) También trabajó durante once años en Chacabuco como acopiador de granos y criador de ovejas, por entonces un negocio que daba buenos dividendos.

Alrededor de 1855 ya era un “estanciero” en Rojas y Salto. El 27 de mayo de 1867 contrajo matrimonio con Ellen Roche. Tres años antes, Elizabeth Roche, hermana de Ellen, había contraído matrimonio con William Murphy, hermano de John. Una tercera hermana, Maggie Roche, se casó con otro pionero del sur de Santa Fe: James De Renzi Brett, quien más tarde compraría sus propias tierras (1) ‘Mis familiares tenían la intención de casarse en la Iglesia de la Merced. Por aquellos días, todos los irlandeses se casaban allí, y por supuesto, siempre con un cura irlandés, pero en esos días se desató la epidemia del cólera en Buenos Aires, de manera que se casaron en Salto en mayo de 1867 oficiando el Padre John Large Leahy. Mi padre, sabiamente, dispuso que nadie debiera acercarse a la ciudad. (10)  Durante la época de Rosas y por un tiempo después, los hombres del ejército y la policía ‘eran tan brutos y salvajes, que el Ministro Inglés, a quien Rosas le tenía terror, ordenó a todos los súbditos británicos que izaran la bandera inglesa en sus estancias, y eso fue lo que hizo mi padre’. (10)

En 1869, John Murphy era dueño de dos estancias: “La Flor del Uncalito” en Salto y “La Caldera” en Rojas.  Fue el primer propietario en el Norte de Buenos Aires que alambró sus campos. Cuando Newton alambró su quinta, ‘esto le dio la idea a mi padre de alambrar todo el campo. La gente decía que estaba loco. Después de seis meses se fueron a trabajar a Salto’. (10) Veinte años más tarde, los palos de ñandubay y el grueso alambrado que usó para evitar la pérdida de las ovejas y para parar los malones, todavía estaban en pie en el establecimiento de Salto. ‘Trabajó como un esclavo, noche y día y cuando se juntó con un poco de dinero, alquiló un pedazo de campo en la frontera india; las tierras en esos lugares eran más baratas y los indios estaban prácticamente encima.  Durante estos años, viviendo solo en una choza construida por él se enfermó de viruela; una vecina criolla le traía todas las mañanas una jarra de agua fresca e higienizaba lo que había que higienizar. Este fue todo el cuidado que tuvo durante esa terrible enfermedad’. Años más tarde cuando visitó a su madre en Kilrane, cuando entró a la casa ‘ella creyó que era un extraño; recién cuando habló reconoció a su lindo John y lo único que hizo fue llorar y llorar. Estaba tan desfigurado después de la viruela’. (10) John trabajó mucho y mereció tener suerte. Se ocupó de sus ovejas día y noche ‘durmiendo muy poco, dado que tenía que salir en cualquier momento, apenas oía el balido de las ovejas, que estaban mezcladas con las del vecindario. No soportaba la idea de perder ni un solo corderito. En 1859 tuvieron un año muy malo, no llovió durante varios meses (...) Mi padre salvó a sus ovejas tirando baldes de agua continuamente sobre el terreno reseco para que las ovejas pudieran comer las raíces que encontraban. Hizo este trabajo día y noche para que pudieran sobrevivir. Apenas lo veían, las ovejas se le venían encima...’ (10)

‘Para las mujeres la vida en el campo fue muy dura. Era más seguro tener los hijos en casa, aún con el peligro de perder alguno de ellos. Los doctores no existían más allá del centro de Buenos Aires, y la mayoría de ellos sin diplomas. Cuando había que hacer las compras, John iba a caballo o en un carro al pueblo de Salto donde hacía las compras para nosotros y los vecinos, porque decían que él tenía mejor gusto y mejor memoria que sus maridos. Mi madre cosía toda la ropa, camisas, pantalones, todo. Si mi padre gastaba más de lo que había llevado, el criollo le respondía: “no necesitamos su firma Don Juan, basta con la palabra del inglés” (10)

En 1878, John regresó a Irlanda con su familia. Siendo el hermano mayor, siempre tuvo la idea de retornar definitivamente para hacerse cargo de la granja familiar. El asunto es que dos de sus hijos fallecieron allí, Catalina (Kitty) y Martin y otro hijo, Nicolás, nació en Mount Julia, en el Condado de Wexford. Kitty, ‘una adorable criatura de diez años, de cabellos dorados y muy alegre’ murió de escarlatina. ‘En estos años, la escarlatina era fatal. Nadie se atrevía a acercarse por temor al contagio. Los demás niños fueron enviados a Haysland, el antiguo hogar de mi padre, donde vivían una hermana y un hermano inválido. Ella y los niños fueron a ver pasar el cortejo fúnebre cuando iba a la iglesia de Kilrane. Mi madre dijo que se le partió el corazón cuando vio a los tres pequeños mirando el funeral a orillas del camino, sin saber que era su pequeña hermana la que sepultaban. Esto fue muy fuerte para mis padres. Entonces mi padre dijo: “Me voy para no volver: la Argentina jamás me trató de esta manera.” Nunca abandonó la Argentina otra vez’. (10) Estos tristes episodios y la real pobreza económica de Irlanda convencieron a la familia de volver al Río de la Plata.

Retornaron a la Argentina en enero de 1882. En condiciones más favorables tras el desplazamiento de los indígenas, el 15 de marzo de 1883 Murphy le compró a Don Eduardo Casey ocho leguas de campo flor (18.600 hectáreas, 46.000 acres) en el sur de la Provincia de Santa Fe, una de las mejores regiones de las pampas. (4)

Con la ayuda de familiares y amigos se instaló en la zona y comenzó a alambrar el campo, construyó puestos y plantó árboles en su nueva estancia que llamó “San Juan” (2) Todas las deudas que contrajo para instalar esta estancia, las terminó de pagar el año antes de morir. ‘Su ambición era morir libre de deudas (...) Su estancia en Rojas había sido pagada mucho tiempo antes, también el campo que compró en Salto’. (10)

A fines del siglo XIX la cría de ovejas había comenzado a declinar y a ser reemplazada por ganado vacuno, y más tarde por la agricultura. Entonces arrendó sus campos a chacareros italianos, los que se dedicaron mayoritariamente a la siembra de cereales (maíz, trigo). El 13 de julio de 1909, John Murphy falleció en su casa de Almagro (Rivadavia 4191) a la edad de 87 años, dejando una numerosa familia y una considerable fortuna. ‘Lo atacó un fuerte resfrío que derivó en una bronquitis y después en una bronconeumonía y falleció cinco días después sin sufrimientos, gracias a Dios. Había gastado 65 años de su vida trabajando y vivió para ver su ambición hecha realidad: dejarnos sin deudas’. (10)

John James Murphy fue sepultado en el Cementerio de La Recoleta, en el corazón de Buenos Aires en un austero monumento con una Cruz Celta.


La mayor parte de los campos en Santa Fe fueron vendidos a colonos, algunos de los cuales fueron desalojados por su hija Elisa Murphy de Gahan (8), a la sazón viviendo en Inglaterra, de manera que eso nos hace recordar los desalojos que se hacían durante la gran hambruna irlandesa justo antes del siglo XIX. De todas maneras, sus descendientes sostienen que ‘cuando ella murió en 1964, dejó sus propiedades para que fueran divididas entre sus ocho hijos o sus herederos, quienes consideraron que debían venderse para repartirlas. Desgraciadamente la mayor parte estaba arrendada (...) a unos inmigrantes franceses que tenían los campos completamente abandonados. Por ejemplo, todos los molinos estaban fuera de servicio, lo que indicaba que no podían trabajarse inmediatamente, esto significó que recién se pudieron vender seis años después de su muerte y a un precio muy bajo.  Ella vivió en Inglaterra durante los años que mediaron entre las dos guerras mundiales (...) ‘Cuando falleció su marido regresó a la Argentina, en tanto viviendo en el Alvear Palace Hotel en Buenos Aires. (...) Sería una gran falsedad decir que fue responsable por los desalojos que se produjeron después de su muerte, y en todo caso fue lo que los arrendatarios merecieron en la circunstancia (...) La administración y las ventas estuvieron a cargo de la firma Bullrich’ (9). Las fuentes informantes coincidieron en que efectivamente hubo desalojos. Si fueron justificados o no y si la responsabilidad fue de los Murphy o sus administradores, es un acontecimiento desafortunado que revela la negativa que tienen de “los ingleses” y su Pampa Gringa, los nuevos inmigrantes que llegaron a la región.



Roberto Lorenzo Cavanagh Hearne
*  .../../1914 +  15/09/2002

El domingo 15 de setiembre de 2002 falleció en su Estancia “El Quirquincho” en la Provincia de Santa Fe, Don Roberto Lorenzo Cavanagh, a los 87 años. Sus restos recibieron sepultura en el Cementerio Parque Otoñal de Venado Tuerto, con el acompañamiento de familiares, amigos y admiradores.

El abuelo de Don Roberto, Edward Cavanagh, llegó a la Argentina en el año 1851 y se estableció en Arrecifes, donde contrajo matrimonio con Margarita Gaynor, y sus padres Santiago Pablo Cavanagh Gaynor y Catalina Lucía Hearne Browne contrajeron matrimonio en 1904 y se establecieron en la Provincia de Santa Fe, haciéndose cargo de la estancia “El Quirquincho” a fines del año 1908. Don Roberto era en el orden familiar, el octavo de los once hijos.

 El 05 de mayo de 1939 Don Roberto contrajo matrimonio con Lucrecia Rowell y tuvieron cinco hijos: Susan, Lucy, Roberto, Santiago y Charles.

Amante de la equitación, desde niño se destacó en la práctica deportiva del polo, iniciándose alrededor de 1933, cuando integró junto a Juan Murphy Kenny y sus hermanos Edmundo y Juan, el equipo de cadetes que obtuvo cinco triunfos sobre seis partidos jugados en la Provincia de Salta.

En los Juegos Olímpicos disputados en Berlín en 1936, la Argentina participó con un equipo integrado por Luis Duggan, Andrés Gazzotti y el gran maestro Manuel Andrada; el cuarteto se completó con Roberto Lorenzo Cavanagh, “el benjamín” de apenas 21 años. Entonces la Argentina obtuvo el título máximo, ganándole a Inglaterra por 11 a 0.

Con el tiempo se fueron creando nuevos estilos y estrategias de juego. “La Nación”, recordando aquellos años, publicó el 22/04/93 un artículo que decía entre otros conceptos: “… y llegó el gran clásico, surgió antes “El Trébol”, campeón desde 1939 hasta 1943, con Luis y Carlos Menditeguy. Después apareció Venado Tuerto ‘la sombra’ (1944, 1946 a 1950 y 1955) con un equipo integrado por los primos Juan y Roberto Cavanagh y los hermanos Enrique y Juan Carlos Alberdi. Una época inmortal del polo argentino”.

Efectivamente, como lo reflejó en ese artículo “La Nación”, en el mes de abril de 1943 en Los Ángeles, California, se jugó extraoficialmente el campeonato mundial y la Argentina obtuvo el título máximo. En el mes de diciembre de ese mismo año, y en el marco oficial de la competencia, los argentinos volvieron a imponerse venciendo en la final a los Estados Unidos por 11 a 5. Y en 1951 ganaron los Primeros Juegos Panamericanos y la Copa América de Polo.

En 1996 las autoridades municipales de Venado Tuerto rindieron homenaje a estos caballeros del deporte, identificando las calles que circundan el “Venado Tuerto Polo & Athletic Club” con sus nombres. Este sencillo acto tuvo toques emotivos, especialmente para los amantes del deporte, porque se homenajeaba en vida a quienes merced al esfuerzo personal, habían logrado silenciosamente conquistar campeonatos mundiales, llevando a todo el orbe la imagen que nos “agranda” a los argentinos, la del deportista limpio y disciplinado, la del caballero noble y aguerrido.

Después de más de medio siglo de aquellas hazañas deportivas, -dice el documento municipal- hoy se los recuerda con el mismo espíritu de entonces y con un arraigado afecto nostaligioso. Porque estos campeones, han dejado de pertenecer al exclusivo patrimonio de los venadenses, para convertirse en figuras destacadas del deporte nacional. Sin embargo, ellos siguen siendo los mismos hombres de las canchas de polo; las mismas personas de bien que llevan siempre a cuestas la sencillez que sobresale en la cotidianidad de sus vidas.  Es que ellos son y seguirán siendo así, como los grandes.

La Comunidad Argentino Irlandesa de Venado Tuerto rinde su homenaje a don Roberto Lorenzo Cavanagh y hace llegar a su esposa, hijos, nietos y biznietos, sus más sentidas condolencias.  La imagen de su personalidad permanecerá en el corazón de cada uno de los venadenses, porque ya es parte de la historia de “la pequeña pampa irlandesa” que forjaron sus ancestros y a la que él se entregó totalmente.

Rvdo. Padre José Tomás Maxwell

* 19/03/1893 + 03/01/1963
  
El Padre José Tomás Maxwell nació en Venado Tuerto el 19 de marzo de 1893, hijo de Patricio Maxwell (irlandés) y de Anita Gardiner.

Salió un día de Venado Tuerto rumbo a Santa Fe a cursar estudios eclesiásticos en el Seminario de Guadalupe, del que sería más tarde su rector, para celebrar su primera Misa en la Navidad de 1916.

Fue Monseñor Juan Agustín Boneo quien le confiriera el orden del presbiterado el 23 de diciembre de 1916, para designarlo el 17 de enero de 1926 Cura Párroco de Venado Tuerto.

Inmediatamente se abocó al ensanchamiento del templo, agregándole las dos naves y altares laterales, además del camarín de la Virgen de Luján y la sacristía. También se eleva la torre tres metros   y se coloca un costoso reloj carillón de cuatro cuadrantes. Por carecer de sello de fabricación, se presume que fue traído de Francia. Terminada la ampliación, se procedió al revestimiento y decorado exterior con molduras de estilo gótico florido y algunos elementos barrocos, como por ejemplo al cabeza de los ángeles en los vértices de las lanzas, abiertos donde se encuentran las campanas. También se agregaron las dos puertas laterales.

Su padre, donó el altar en honor a San Patricio, obra escultórica labrada en madera que fue restaurada con motivo del centenario del edificio de la actual Catedral. Para realizar las obras y el enriquecimiento artístico de la parroquia, invirtió sus bienes personales, que, por herencia familiar de buena posición económica, le correspondió.

El P. Maxwell se caracterizaba por su dinamismo. Era infatigable en los recorridos de su parroquia; desde el tugurio más humilde hasta la casa más señorial, trato era el mismo, siempre con las manos llenas de bien. Lo mismo puede decirse de sus recorridos a los pueblos vecinos, donde atendía a la feligresía carente de sacerdote.

Fundador de la revista "El mejor amigo", la que posteriormente se llamó "La Voz del Sur". Era una revista de orientación cristiana que mantenía informada a la comunidad de todas las actividades parroquiales.

En el año 1932 el Obispo de Santa Fe, Mons. Nicolás Fasolino lo nombró Inspector de Parroquias, con sede en la ciudad de Santa Fe, hasta 1934 en que comenzó su Rectorado en el Seminario de Guadalupe y el 26 de noviembre de 1939 se hizo cargo de la parroquia San Carlos Borromeo de la ciudad de Santa Fe.

En el año 1949 impulsó la obra de embellecimiento del templo a cargo del artista Cayetano Flores, obra que aún asombra a los visitantes.

En 1958, acompañado por un grupo de la Acción Católica, fundó el Centro de Dadores de Sangre Voluntarios y al año siguiente gestionó la compra de una ambulancia con el apoyo del pueblo y gobierno.

En 1960, con la colaboración del Club de Leones de San Carlos, comenzó una vieja y ansiada aspiración: el revoque de la torre de la iglesia que finalizó en 1962.

El Padre José Tomás Maxwell falleció el 1º de enero de 1963.

El 1º de enero de 2002, terminada la Misa en el templo San Carlos Borromeo, se desarrolló una breve y sencilla ceremonia del descubrimiento y bendición de una placa y busto a cargo del Pbro. Juan José Botta, en memoria del Padre José Tomás Maxwell, cuyos restos descansan en el atrio de la Iglesia Parroquial.

Después de los discursos y actos protocolares, se dio lectura al párrafo final de un sermón del P. Maxwell, pronunciado en el año 1933, al cumplirse el cincuentenario de la fundación de Venado Tuerto:

"Negros nubarrones se ciernen sobre el cielo azul de nuestra patria, tradiciones, principios disolventes, doctrinas malsanas, ideas deletéreas cunden por doquier; quitando a Dios del corazón de la niñez, destruyendo a la familia con la implantación del divorcio que nos amenaza... Nos narra la leyenda que allá en un rincón de Francia, hallándose un niño postrado en el lecho del dolor, a quien el médico había visitado repetidas veces. Una tarde en que llega el médico, ve con asombro, a una niña encaramada en un árbol. Su extraña actitud despertó la curiosidad del médico y acercándose a ella le preguntó qué es lo que hacía y ella le contestó: usted doctor, dijo a mi mamá que cuando cayeran las hojas del árbol mi hermanito moriría y yo las estoy sosteniendo para que no se caigan".

Señores, las hojas del árbol de nuestra patria están por caer; unámonos todos para sostenerlas siempre fuertes, siempre vigorosas, siempre lozanas, siempre verdes.

Toma, ¡Oh Señor! en tus manos el timón de nuestro pueblo y condúcelo por la senda luminosa de la gloria..."

La Voz de la Región 10/01/2002

Gentileza de José R. Iturbide



Dr. Tomás Brendan Kenny
* 23/07/1883 +12/11/1940

El Dr. Tomás Brendan Kenny nació en Salto Argentino (Provincia de Buenos Aires) el 23 de julio de 1883. Desde temprana edad se distinguió como estudiante y entusiasta deportista. Inclinado vocacionalmente hacia la medicina, obtuvo el título de médico en la Facultad de Ciencias Médicas de Buenos Aires (1909), especializándose en cirugía. Inició su carrera en el Hospital Británico, y al año siguiente ascendió a Médico Agregado al Servicio de Cirugía del entonces Hospital San Roque, vinculándose definitivamente a la calificada y activa cirugía de los hospitales Municipales.

Mientras tanto, realizó viajes de estudio en forma ininterrumpida desde el año 1914. En 1925 se le confirió el cargo de Jefe de Cirugía del Hospital Álvarez.

El Dr. Carlos I. Allende, en la revista “Medicina y Ciencias Afines” escribe -entre otros conceptos- que fue un cirujano hábil y de vasta erudición, que por modesta naturaleza jamás ostentaba. Sin embargo, aunque él lo deseara, no pudo pasar inadvertido, porque sus reconocidas dotes quirúrgicas y científicas se revelaban ya en 1917 a través de su tesis de profesorado “Diagnóstico de los tumores de los huesos largos”, que le permitió vincularse a la Cátedra de Clínica Quirúrgica desempeñadas hasta 1938, año en que fue designado Profesor Extraordinario de la Facultad de Medicina.

El Dr. Tomás Brendan Kenny era un hombre de grandes condiciones humanas. Su cualidad de “buena persona” fue puesta de manifiesto en muchas ocasiones, pero fue durante su actuación en el Hospital Dr. Alejandro Gutiérrez de Venado Tuerto donde se pusieron de manifiesto esas calidades humanas tantas veces reclamadas a los profesionales de la medicina. Muchas fueron las ocasiones en que, después de viajar largas horas desde la Capital Federal, debió tomar el bisturí y operar de urgencia a algún paciente internado. En reconocimiento a su noble tarea en este nosocomio, una de las salas lleva su nombre.

El Profesor Alejandro Ceballos manifestó que “muchas veces lo hemos visto con sin igual elegancia, renunciar a tentadores beneficios, prefiriendo pasar sus mañanas operando a los enfermos más pobres que más necesitaban de su abnegada atención...”

De carácter cordial, noble y generoso. La sabiduría que extrajo de los libros la completó con su inteligencia sagaz y la empleó con caridad cristiana en la asistencia a los enfermos. Honesto, bondadoso y comprensivo. Aunque de personalidad exuberante, tenía la virtud de crear raíces profundas en el afecto y la estimación de la gente. Siempre preocupado por sus enfermos; no dudaba en gastar su sueldo para ayudar al paciente necesitado. Irradiaba especial cariño fraternal para con los niños. En cuanto al trato con sus subordinados era siempre afable, mesurado y suave, aun cuando se trataran temas urticantes. Estos fueron los rasgos que definieron al hombre-médico, que hizo de su profesión un sacerdocio, practicando el bien por el bien mismo.

Otro reconocido profesional de su época, el Dr. Rodríguez Egaña lo describió como “...un hombre ecuánime, justo, tolerante y comprensivo, pero por sobre todo y fundamentalmente, bueno...No sabía de rencores e ignoraba la malicia... Franco, abierto, sincero, leal...”

Para matizar la intensa actividad científica que desarrollaba, practicaba su deporte favorito “el polo”. Conocía muy bien el juego y como buen jinete, los caballos no tenían secretos para él. Nació y vivió en el campo, por lo tanto, era natural que conociera y gustara de la actividad rural, a la que dedicó parte de su vida.

Su actividad social lo cuenta como integrante del “Venado Tuerto Athletic Polo Club” que presidió en algunos períodos y miembro activo de la Asociación Argentina de Polo. Fundó la Sociedad Rural de Venado Tuerto, institución que le rinde homenaje de reconocimiento a través de un busto erigido en el predio ferial de la institución.

El actual aeropuerto de la ciudad de Venado Tuerto lleva su nombre, en reconocimiento a la donación que hiciera su esposa y a los méritos del distinguido ciudadano. La propiedad fue recibida por las autoridades Municipales a través de la Ordenanza N.º 0801/73 de fecha 11/09/73, establece que la estación aérea se denominará: “Aeródromo Tomás Brendan Kenny” en mérito a los servicios prestados por el extinto esposo de la donante.

“Recuerden que hemos nacido para algo más elevado que para ser esclavos de nuestro cuerpo” (T.B.K.)


Hermanos Leahy ligados a la Comunidad de Cafferata
Pbro. Large Michael Leahy
* 03/05/1840 + 01/06/1884

El P. Large Michael Leahy había nacido en Co. Cork el 3 de mayo de 1840 y cursó sus estudios en el Colegio de All Hallows, donde fue consagrado sacerdote el 30 de noviembre de 1862. Antes de ingresar al seminario se ofreció viajar a la lejana Argentina para servir a sus compatriotas exiliados, razón por la que el Padre Antonio Fahy se hizo cargo del costo de sus estudios.
Cuando llegó a Buenos Aires, durante unos meses asistió al P. Fahy hasta que fue designado capellán en la zona, cuya cabecera era el “Fortín de Areco”, hoy Carmen de Areco. El área de la que se responsabilizó estaba comprendida por los partidos de San Nicolás, San Pedro, Arrecifes, Carmen de Areco, Chacabuco, Salto, Rojas y Pergamino, hasta la creación de otra capellanía en 1869 cuyo centro era San Pedro. Allí fue designado el Padre Edmundo Flannery y comprendía San Nicolás, Pergamino y Arrecifes.

En su edición del 25 de mayo de 1984 “The Southern Cross”, al recordar los cien años del fallecimiento del Padre Leahy hacía una reseña de su vida y decía que no se necesitaba mucha imaginación para entender lo que en la práctica significó la capellanía a su cargo. Las distancias, los caminos (cuando los había) y los interminables galopes de una punta a la otra de este territorio tan grande como un país europeo. A fin de congregar a sus fieles dispersos por estas pampas de dios, el P. Leahy fue levantando capillas rurales -muchas ya no existen- donde en fechas fijas atendía las necesidades espirituales de sus irlandeses. Algunas de ellas fueron las de Santa María en Chacabuco; Santa Brígida en Rojas; Santos Miguel y Mel (Santos Irlandeses) en el campo de Tomás Duggan, ahora distrito de San Patricio; la Santa María en campo de don Miguel Allen, conocida como Killallen, cerca de Castilla; la capilla de San Patricio en campo de Tomás McGuirre, que sería el Monasterio san Pablo de los Padres Pasionistas.

Su actividad fue notable por lo creativo y completo. Adquirió una propiedad en Carmen de Areco y abrió en 1869 un colegio con capacidad para sesenta pensionistas y lo bautizó “Saint Brendan”. En varias de sus capillas estableció bibliotecas circulantes. Organizaba reuniones sociales, asambleas patrióticas, torneos deportivos. Fervoroso patriota, estimuló colectas para apoyar a sus connacionales tanto en sus hambres. Cuenta Mons. Ussher que a la muerte del Padre Fahy, convocó a una asamblea de irlandeses y propuso como mejor homenaje al venerado Patriarca el traer de Irlanda a los Hermanos Cristianos Irlandeses para establecer un colegio para los niños más necesitados y los huérfanos. Circunstancias ajenas a su voluntad hicieron que este altísimo objetivo nunca se concretase.

Cabe destacar en forma relevante la actitud del Padre Leahy durante el flagelo del cólera y luego de fiebre amarilla que azotó a Buenos Aires ente 1869 y 1871. En esos días vivió a caballo de un lado a otro asistiendo a enfermos y moribundos y enterrando a los muertos. De allí quedó su imagen a caballo con una pala atada al recado (the priest of the spade). Durante algunos años tuvo la eficaz ayuda de su hermano, el Padre John Baptist Leahy.

Quebrantada su salud, regresó a Irlanda en 1878, pero volvió al año sin haber podido restablecer sus fuerzas. Creyendo que un cambio de aire podría serle útil, a mediados de mayo de 1884 emprendió viaje hacia las provincias del Norte. Pero la muerte lo alcanzó lejos de todos los suyos, en “La Dormida” (ahora Tunuyán), el 1º de junio. Contaba tan sólo 44 años. Nueve años más tarde su feligresía trasladó sus restos a Carmen de Areco, donde descansan en el atrio de la Iglesia Parroquial.

Esta fue una síntesis de la vida de uno de esos formidables hombres de Dios que sirvieron a nuestros abuelos y los acompañaron en las duras horas de exilio y de la incorporación a su nueva Patria. Su nombre debe ser preservado y venerado, y no debemos permitir que los años vayan borrando su memoria ni que las nuevas generaciones desconozcan sus hazañas.

El Padre Federico J. Richards, C.P., autor de esta reseña publicada por “The Southern Cross” en su edición del 25 de mayo de 1984, dice que concluye esta sencilla memoria –extraída en gran parte de la obra de Mons. Ussher “Los Capellanes Irlandeses”- solicitando a la Federación de Sociedades Argentino Irlandesas que se lo recuerde a través de alguna manifestación comunitaria.

Nosotros también queremos preservar su recuerdo.

 El 12 de julio de 1884, es la fecha de una carta enviada al Editor de "The Southern Cross" Michael Dinnen por Thomas J. Leahy, en la que le relata la muerte de su hermano, el P. Large M. Leahy y que dice así:

            Querido amigo: cuando nos despedimos en la Estación Central en Buenos Aires, en viaje a Mendoza, tenía la esperanza de poder traer a mi hermano el P. Large de vuelta, aunque más no fuera para morir entre mis amigos, pero como usted ya sabe, Dios lo quiso de otra manera. El telegrama que le envié desde Rosario anunciando su muerte no le tomó a usted de sorpresa, ya que todos los amigos sabían que los días de mi hermano en este mundo estaban contados.

            El viaje de Buenos Aires a "La Dormida", donde falleció, es muy desagradable y capaz de probar al más fuerte -de Buenos Aires a Campana por ferrocarril, de Campana a Rosario por barco, de Rosario a La Paz por tren nocturno, de La Paz a La Dormida por coche. El 1º de junio partimos de La Paz para Mendoza, un viaje de dos días. Arribamos a la Dormida -a 25 leguas de Mendoza- se sintió débil, así que nos detuvimos en una posada junto al camino, donde, cinco horas más tarde fallecía, no sin antes ser ungido por los Santos Óleos por un sacerdote que viajaba con nosotros.

            Estuvo consciente hasta el final, y aunque sufrió mortal agonía, nunca se quejó. En verdad se preocupaba más por mi comodidad que por lo suyo. Sus últimas palabras fueron: "Tom, acuéstate, yo estoy bien". Y en verdad, mi pobre hermano estaba realmente bien, porque sin yo darme cuenta y mientras rezaba mis oraciones de la noche, entregó su alma pura al Maestro que había servido y obedecido desde su niñez. Cuando fui a arreglar su cama lo hallé muerto. Pensé en despertar a la gente de la casa, pero no pude; así que tuve la melancólica satisfacción de velarlo a lo largo de una interminable y triste noche. ¡Oh mi Dios, qué noche! - Sobre esa cama descansaba el cuerpo sin vida de mi querido hermano; allí yacía el sacerdote que, de saberlo, todo hombre, mujer y niño de sus muchas parroquias, llorarían amargamente, pues era su Soggart Aroon. Cerca de las once de la noche siguiente conseguí un féretro sencillo y una hora más tarde con la ayuda de algunos desconocidos, lo deposité en su tumba junto al Río Tunuyán. Mientras acomodaba la tierra sobre el sepulcro, mis pensamientos volaron, a pesar de mis oraciones, hacia el otro hermano sacerdote que despedí junto al Cabo ¨Finisterre y mis ojos llorosos se elevaron hacia el cielo. Rogué a Dios nos diera a mí y a los míos un lugar, más allá del horizonte, un lugar junto a ellos. Suyo fielmente: Thomas J. Leahy.

 Nota: La referencia al Cabo Finesterre recuerda el deceso del hermano del P. Large, P. John Baptist Large también sacerdote que falleció y fue sepultado en alta mar.

APÉNDICE: El P. Large Michael Leahy era hermano de THOMAS LEAHY que nació en Co. Kerry en 1848 y fue el primer irlandés que se radicó en Loreto (campo fiscal que compró Eduardo Casey en 1881). Thomas contrajo matrimonio con MARY NOONAN, irlandesa, nacida en 1858. Tuvieron once hijos: Tomás, Large Brendan, Juana, Sara, María, Brígida, Patricio José, Inés María, Cecilia, Ida y María.

El señor Carol Oscar Madelón, vecino de la localidad de Cafferata, hizo una reseña histórica del pueblo con motivo del centenario de su fundación (“1889 – Centenario de Cafferata – 1989”), y refiriéndose al edificio de la Iglesia, escribe:

“El 30 de agosto de 1918 se coloca la piedra fundamental, y el 30 de agosto de 1919 bendijo provisoriamente la Iglesia el Rvdo. Juan Manassero, siendo sus padrinos los señores Juan Cavanagh, Patricio Walsh, Tomás Moore, Ricardo Cavanagh, Santiago Casey, Tomás MacLoughlin, Large Leahy, Pablo Madelón, Matías Aguirre, Agustín D’Andrea, Jorge Pron, Felipe Priotti, Juan Brennan, Juan Couvert, Rosa Galice de Wheeler, Juana B. de Cutella y Regino López”. (Sic)

Como se puede inferir, los hermanos Leahy estaban muy ligados a la comunidad de Cafferata.



Pbro. Juan Ignacio Downes Kenny
* 31/07/1922 + 30/12/1962

Nació el 31 de julio de 1922. Fueron sus padres Pedro Downes Heffernan y Brígida Kenny Heavy. En marzo de 1935 Juan Ignacio ingresa al Seminario Metropolitano de Santa Fe, donde inicia sus estudios eclesiásticos.  Al inaugurarse el Seminario Diocesano de Rosario, integró el grupo de sus primeros estudiantes. Finalmente completó sus estudios superiores de Teología en el Seminario de Villa Devoto en Capital Federal.

Sobresaliente y aventajado, fue cimentando el sacerdote apostólico que lo caracterizó. El entonces Obispo de Rosario, Cardenal Antonio Caggiano, lo ordenó sacerdote el 20 de diciembre de 1947 en la Catedral de Rosario. Desde entonces desempeñó durante 15 años una intensa y fecunda labor sacerdotal en las diversas circunstancias y puestos que la obediencia eclesiástica le brindó.

 El 28 de diciembre ofició su primera Misa Cantada en la Parroquia de San Eduardo, donde estaba radicada su familia. Más tarde fue Secretario Privado del Cardenal Antonio Caggiano y Vicario Colaborador en la Parroquia Nuestra Señora de la Guardia de Rosario.

Posteriormente fue nombrado Cura Párroco de las localidades de Peyrano, Wheelwright y Rufino, y sus fieles supieron de su labor apostólica.

El 30 de diciembre de 1962, tras soportar una cruel enfermedad, falleció en Venado Tuerto a los 40 años. Quienes lo visitaron en sus últimos días, salieron reconfortados por su fortaleza cristiana y por su fe y esperanza en un más allá definitivo junto al Padre Celestial.

Por ello, en sus exequias se despidió al “siervo bueno y fiel” y se pidió “el rezo a él para que interceda por nosotros ante el Trono del Altísimo”.





Father Victor O’Carolan CP

En el Cementerio de San Pablo, en Capitán Sarmiento, Provincia de Buenos Aires, recibieron sepultura ayer por la tarde, previa misa de cuerpo presente en la Iglesia Santa Cruz, los restos del sacerdote Víctor O’Carolan, cuya muerte ocurrió en esta ciudad a los 85 años.

Nacido en Irlanda, llegó muy joven al país para ingresar a la orden de los Religiosos Pasionistas, donde recibió su ordenación sacerdotal en 1908. A partir de entonces ejerció su ministerio con auténtico celo apostólico entre los miembros de la colectividad irlandesa, y durante los años 1918 y 1920 organizó diversas ferias benéficas destinadas a socorrer a las víctimas del levantamiento de 1916 en ese país. El sacerdote O’Carolan fue superior en las casas de la Congregación Pasionista en esta ciudad y en Capitán Sarmiento. En los últimos años, a pesar de su avanzada edad, prestó su colaboración en el templo de San Telmo y en la capilla de una villa de emergencia en la zona de Retiro. Culto y afable, la madurez de su juicio y su reconocida bondad le granjearon la cálida estimación y el respeto de cuantos lo conocieron.
Del diario “La Prensa” (sin fecha)

1952 – Los Padres Pasionistas Irlandeses realizan una misión en Venado Tuerto. Entre los misioneros estaban el P. Victor O’Carolan y Buterley.



Edward Wallace O’Reilly

* Irlanda 09/04/1889  + Venado Tuerto 18/10/1980



Nació el 9 de abril de 1889 en Lacken, Co. Westmeath, Irlanda. Era el segundo hijo de Peter Wallace Cassidy y Ellen O’Reilly. Fueron sus hermanos: John y Patrick. Su madre falleció el 13 de octubre de 1905 cuando sus hijos tenían 18, 16 y 14 años.  En 1908 Patrick murió a causa de una hemorragia, mientras le practicaban una operación de garganta; tenía apenas 17 años. Su inesperada muerte afectó mucho a su padre y hermanos.

 En 1914, al declararse la gran guerra, el viejo Peter, que todavía sentía el peso de la pérdida de Patrick, no estaba dispuesto a entregar la vida de otro de sus hijos al servicio de la Corona Británica. Sin vueltas, y ante la desesperación de imaginar a su segundo hijo en tierras extrañas luchando bajo una bandera extranjera, vendió algunos bienes y con la magra paga obtenida, embarcaría a Edward rumbo a la Argentina. John, el mayor, se encargaría de la granja.

En el puerto de Liverpool, Edward comenzó a sentir el peso de la soledad. Allí entabló conversación con Victor Kalisky, un inglés de origen judío y sastre de profesión, quien lo convenció para que se embarcase con destino a la Argentina, ya que Edward le había confesado que si bien su padre lo enviaba al país sudamericano donde tenía familiares, él tenía la intención de embarcarse hacia Australia. Con lógica, Kalisky le dijo que, si emigraba a Australia, los ingleses lo reclutarían con mayor facilidad que si se quedaba en Irlanda. La teoría no era desacertada y las razones demasiado fuertes para que Edward las desestimara. Convencido por Kalisky, abordó el buque “Oronsa” rumbo a Buenos Aires.

Aunque él sabía que tenía familiares en el país sudamericano, y a pesar de estar esperanzado de hallar el apoyo necesario para emprender una nueva vida, en ese momento lo envolvía una fuerte incertidumbre. Abandonar a su amada Irlanda implicaba alejarse para siempre de sus seres queridos, mientras que el recuerdo de Paddy y su lucha desesperada con la muerte en plena adolescencia, seguía apretándole el corazón.

Allí quedaban sus amigos y vecinos: los traviesos Reilly, los entrañables Coffey, los joviales Muldarry, los hospitalarios Cormack, los bailarines Crumb y los musiqueros Murtagh… Y acompañando sus recuerdos, el trinar de los pájaros; el nacimiento de las flores de mayo y el dulce murmullo del río Inny que se expandía por las praderas cual música de duendes invisibles. Allí quedaban las colinas de tréboles silvestres envueltas por el aroma de la turba encendida que impregnaba el aire del valle. La Iglesia y la Escuela, el recuerdo de sus travesuras infantiles y el salto de la cerca para entrar a clase burlando el ingreso por la puerta del jardín. ¡Sólo Dios sabía por dónde vagaban sus pensamientos!  Quizás la añoranza de alguna niña, a la que un día le dedicó un poema o le cantó una canción; o en las bulliciosas reuniones en la casa de los Coffey, donde se tocaba música, se cantaban baladas y se bailaban jiggs. Ahora eran solo recuerdos. Él sabía que no había retorno; que jamás regresaría a Irlanda, entonces trató de ordenar sus sentidos, y se propuso guardar cada uno de esos momentos como un tesoro que aliviaría la tristeza de su desarraigo.

El 01 de septiembre de 1915 el buque “Oronza” amarró en el puerto de Buenos Aires y se despidió de Victor Kalisky.  Ese día tomó un tren rumbo a Pergamino y por primera vez entraba en contacto con “la Argentina”. Su asombro no tenía límites. No podía creer lo que veía. ¡Esa tierra grande de horizontes infinitos era algo increíble! ¿Sabrían los irlandeses que existía este país de tierras tan extensas? ¡Cuando les contara a su padre y hermano lo que sus ojos estaban viendo, seguro que no le creerían!   Pero lo que menos sabía Edward, era que su abuelo paterno había visitado la Argentina a fines del siglo XIX, y que cuando sus familiares quisieron tomarle una fotografía se rehusó argumentando: “¿Quién se va a interesar por conocerme después de muerto?". (Ver anécdota en recuadro)

En Pergamino lo esperaban sus primos Thomas, Santiago, Gerald, Maggie y Juan, hijos de Gerald Leonard, casado con Esther Wallace, nacida en Multyfarnham en 1856 y fallecida en Salto el 03/06/1914. El recibimiento fue cálido y espontáneo. Maggie y Gerald serían sus mejores amigos y confidentes.

Posteriormente ingresó a trabajar en la empresa Ferrocarril Central Argentino y tuvo como destino, además de Pergamino, a San Nicolás, Villa Constitución y Venado Tuerto, donde se radicó definitivamente.

Durante un encuentro de la comunidad irlandesa de Venado Tuerto conoció a Rosa, la hija menor de John Kenny y Catalina Heavy. Rosa le pidió a su madre que invitara al joven irlandés a tomar el té, y Mrs. Kenny accedió, pero le pidió a Minnie Kehoe (a la sazón viuda de Patrick Rourke) que hiciera de nexo. El trabajo de Minnie tuvo éxito porque Edward y Rose se casaron en 1928 y tuvieron siete hijos. Relatos orales dicen que Minnie Kehoe de Rourke, era la “casamentera” de la comunidad.

Edward Wallace O’Reilly falleció el 18 octubre de 1980 a los 91 años. Fue el último irlandés que habitó en Venado Tuerto.

Versiones familiares relatan que en Irlanda (John Wallace Muldarry 1806/1882) tuvo un altercado con un granjero del vecindario cuando regresaban de la feria. Según parece se trompearon muy fuerte. Fue tan agresivo el altercado que John noqueó a su contrincante hasta hacerle perder el conocimiento. Esa noche un oficial de la policía llegó hasta la granja para comunicarle que su rival estaba internado en el hospital muy grave, advirtiéndole que, si el hombre se moría, tendría que arrestarlo. Al día siguiente la policía volvió a la casa de John para comunicarle que el paciente se había recuperado, pero John no pudo notificarse porque se esfumó. Se presume que fue en aquella ocasión cuando visitó a sus familiares en la Argentina y la razón por la que eludía ser fotografiado. Una vez que se enteró de que su vecino seguía con vida, regresó a Irlanda.





Don Juan Kenny (h)

24/06/1886+ 26/02/1941
Juan Kenny (h) nació en San Nicolás de los Arroyos el 24 de junio de 1886, un año después del asentamiento de sus padres John Kenny y Kate Heavy en la zona de Venado Tuerto. Jack fue el cuarto hijo en el orden familiar y el primero de los tres varones. El 26 de agosto de 1926 contrajo matrimonio con Marcela Gaynor y tuvieron dos hijos: Juan Guillermo y Luisa.

Trabajador incansable, Jack se desvivía por el bienestar de su familia. Extremadamente bondadoso y confiado, resultó víctima de su propia credulidad. Siempre dispuesto a tenderle una mano a quien le pidiera algún favor; era incapaz de decir “no”, aun en circunstancias dudosas. Su exceso de confianza en “la palabra” de los demás, le ocasionó problemas familiares y económicos que, sumados a una cosecha frustrada por factores climáticos, se vio en la necesidad de vender la fracción de campo que le tocó por herencia.

En 1935 comenzó a trabajar como puestero mensual simple en la Estancia “La Calma”, de Don Alejandro Estrugamou. Este trabajo lo consiguió a través de su cuñado Mateo Chapman, que era mayordomo de la Estancia “Las Niñas”, propiedad de los Sastre, familiares de Estrugamou. Jack ocupó con su familia el Puesto N.º 5, y tenía a su cargo la hacienda vacuna, además de colaborar con los otros puestos y estar a cargo de los trabajos generales en el casco de la estancia.

Por aquellos años los puesteros eran propietarios de los caballos (Jack tenía diez) y además del sueldo, les proveían una vivienda compuesta de cocina y dormitorio; carne en abundancia y leche, que obtenían de una vaca que separaban del resto y que ellos mismos ordeñaban. También se criaban gallinas, asegurándose una buena producción de huevos. Lo que no estaba permitido era el criadero de cerdos.

A mediados de 1936 Jack fue ascendido a “Puestero interesado”. Esto significaba agregarle a sus tareas el cuidado de una majada de 1500 ovejas. El sueldo seguía siendo el mismo, pero a fin de año recibía un porcentaje de las utilidades obtenidas por la venta de lana. Generalmente, y para no resentir las tareas de la estancia, el puestero contrataba a un boyero o enviaba a sus hijos a cuidar las ovejas. Y si bien este ascenso representaba una mejor remuneración, las condiciones laborales se asemejaban bastante a la esclavitud; el único día de descanso era el domingo, el resto de los días se trabajaba de sol a sol.

Era común que el mayordomo efectuara sorpresivamente un recuento de animales, lo que hoy llamaríamos una “auditoría”. Si faltaba alguno, automáticamente era descontado del sueldo del puestero. Este inventario se hacía mediante el conteo de la hacienda en pie y los cueros de los animales muertos. Cada vez que se moría un animal había que cuerearlo y presentarlo de muestra. Este trabajo fue fatal para Jack.  Un día debió cuerear una vaca que murió de grano malo o carbunco, enfermedad conocida vulgarmente como “carbunclo”. En esa oportunidad se hizo accidentalmente un corte y se infectó. Inmediatamente lo trasladaron a la localidad de Lazarino, donde el médico del lugar le hizo las primeras curaciones para luego “internarlo” en el hotel de Amenábar, otro pueblo cercano, porque no había hospital en toda la zona. Entre la inexperiencia del médico y la falta de medicamentos adecuados (no existía la penicilina), su salud se agravó. A instancias de Don Mateo Chapman lo trasladan al Sanatorio del Dr. Luis Chapuis en Venado Tuerto (hoy Policlínico Dr. Luis Chpuis). Durante su internación fue atendido por su sobrina Catalina “Cathy” Chapman, que era enfermera y trabajaba en ese sanatorio.

El 26 de febrero de 1941, después de permanecer unos diez días de internación, Jack Kenny falleció de gangrena.

Retrato de un padre

A través de la narración de su hijo Juan Guillermo, hemos podido obtener un fiel retrato de la personalidad de Juan Kenny (h). Él nos cuenta la intimidad de su vida familiar, y a pesar de la brevedad de su relato, traza una semblanza muy real de aquella época. Las imágenes de hombres que pertenecieron a una generación que sufrió carencias, y en la que subsistir en un ambiente hostil, no era precisamente el edén. Eran tiempos en los que había que afrontar con mucho coraje y esfuerzo físico los despiadados embates de la naturaleza.

Cuando Jack falleció, todavía no había cumplido los 55 años, razón por la que Juan Guillermo no llegó a conocerlo con detenimiento, teniendo en cuenta que a los diez años (1937) fue internado como alumno pupilo en el Instituto Fahy de Capilla del Señor y posteriormente (1938) en el Instituto Fahy de Moreno; de ahí (1939) ingresó al Seminario de Rosario. No obstante, recuerda que su padre se levantaba a las cuatro de la mañana, tomaba unos mates amargos, ensillaba el caballo (a veces llevaba otro de tiro) y partía a cumplir con su trabajo, para regresar por la noche. Un día una mujer del vecindario le preguntó si siempre se levantaba tan temprano, a lo que Jack respondió: “¡Nooo! ¡Los domingos duermo hasta tarde! Me levanto a las seis...”

Más adelante Juan Guillermo describe a su padre como una persona de contextura gruesa, de 1,80 de estatura y no más de 90 Kg., un hombre que gozaba de buena salud. Fumaba en pipa y chicaba tabaco. Tenía la dentadura completa y sana. Le gustaba la música, y cuando cabalgaba tarareaba o silbaba alguna canción. Muchas veces lo escuchó silbar “La viuda alegre” de Franz Lehar.

Más adelante recuerda que su padre, a pesar de ser una persona bondadosa y querer mucho a su familia, nunca fue muy demostrativo en sus afectos, pero hizo lo imposible por darles una educación acorde a los tiempos que vendrían, a tal punto que no quiso que su hijo trabajara de boyero. Él quería que ocuparan todo su tiempo y esfuerzo en el estudio.

Jack, como sus hermanos menores, fue un autodidacto. Su hermana mayor Brígida era su maestra., la que con su otra hermana Molly, había estudiado en un colegio religioso de San Nicolás. Sin embargo, Jack leía y escribía correctamente el castellano y el inglés. Como era afecto a la lectura y su vista comenzó a flaquear, debió usar anteojos, los que adquiría en “Óptica Widmer” de Venado Tuerto (actualmente existente y atendida por descendientes). De profundas convicciones religiosas, le encargó a su hijo un devocionario con letras grandes para no fatigar su vista. Juan Guillermo le consiguió la “Nueva Áncora de Salvación”, que hoy todavía conserva como tesoro más preciado. Sus letras mayúsculas miden de 5 mm y las minúsculas de 3 mm.

Los domingos eran días de esparcimiento. Por la mañana toda la familia se vestía con sus mejores galas y partía a Aarón Castellanos o a Lazzarino-Amenábar para asistir a Misa. Después del oficio religioso se hacían las compras para toda la semana en el almacén de ramos generales, la panadería, la verdulería y también en la tienda y ocasionalmente la ferretería, cuando hacía falta algún repuesto. El “tour” se completaba con la compra del diario “La Nación”, y “Mundo Argentino” y a veces alguna que otra revista. El retorno a casa no era siempre el mismo. Algunas veces se volvían una vez finalizadas las diligencias, y en otras ocasiones el paseo se prolongaba durante todo el día; se almorzaba en el hotel y por la tarde se visitaba a las familias irlandesas que vivían en el pueblo, como los Allen, Cullen, Mulvanny. Allí tomaban el té y al atardecer silbando bajito, se regresaba a casa. Otra faceta de la personalidad de Jack era que nunca se quedaba a dormir en la casa de los parientes, a pesar de ser numerosos. Sin embargo, él nunca quería molestar o incomodar a nadie, por eso se alojaban en el hotel. Compartía un almuerzo o una taza de té con quien quiera y donde fuera, pero siempre dormir en el hotel.

La asistencia a Misa era obligatoria. No había clima adverso que impidiera su cumplimiento, a pesar de los 25 km que distan desde el Puesto N.º 3 de la Estancia “La Calma” a Aarón Castellanos hacia el sur, o hacia Lazzarino al oeste, parte a campo traviesa, parte por caminos en mal estado.

Jack tenía un automóvil, pero jamás lo manejó. ¡Y ni hablar de obtener el registro de conductor! Cuando había que salir, meticulosamente hacía los preparativos y le agregaba agua caliente al radiador, le bajaba los bigotes y lo ponía en marcha a fuerza de darle a la manivela. Su esposa Marcela era la conductora, y el único lugar donde no se atrevía a manejar era en la “gran ciudad” (léase Venado Tuerto), ahí se hacía cargo del volante Guillermo “Sonny” Chapman. Era el único automóvil (no oficial) que había en la estancia y sus servicios eran requeridos a menudo por otros puesteros, lo que motivó que se entablara una relación muy familiar con la gente de los alrededores, y la razón por la que siempre estaban invitados a casamientos, acontecimientos sociales y/o emergencias. “Fuimos, de alguna manera –dice Juan Guillermo - los precursores del remís actual”.

Cuando Jack enfermó, debió ser internado en un sanatorio. No se sabe con certeza, pero se supone que fueron los dueños de la estancia los que se hicieron cargo de los gastos. No obstante, su esposa Marcela, con la colaboración de su cuñado Eddie, tuvo que recurrir a la justicia para cobrar el seguro de diez mil pesos que legítimamente le correspondía y que la administración de la estancia se negaba a pagar. Antes de su fallecimiento, Jack insistió en que, ante cualquier circunstancia adversa, se reclamara el pago del seguro. Mucho tiempo después se pudo efectivizar la suma de nueve mil pesos, el resto se esfumó entre gastos y honorarios.

“Daddy”, “Jack”, “Don Juan Kenny”, conforme se lo conocía en los distintos ambientes, acuñó el aprecio de sus contemporáneos por “la nobleza de su persona y la confianza en sus semejantes”.


Al recordarlo en estas páginas, queremos rendir nuestro homenaje a todos los hijos de los primeros pobladores que llegaron a estas tierras esperanzados en formar la pequeña pampa irlandesa.





Mons. EDUARDO MARTÍN DOWNES
Obispo de Río Cuarto, PCba., nació el 26 de diciembre de 1953 en Venado Tuerto. Hijo de Eliseo Martín y Julia Ana Downes Kenny. Cursó sus estudios primarios y secundarios en el Colegio de los Hermanos del Sagrado Corazón para luego ingresar a la Facultad de Química de la ciudad de Santa Fe. Fue en aquella circunstancia que descubrió su vocación para el sacerdocio y abandonó sus estudios para ingresar al Seminario Mayor “San José” de la ciudad de La Plata, donde obtuvo el título de profesor de Filosofía y Pedagogía. Posteriormente fue ordenado sacerdote por el Obispo de Venado Tuerto Monseñor Mario Picci el 26 de diciembre de 1980. Al poco tiempo de su ordenación fue nominado al frente de la Parroquia San Cayetano, cargo que ejerció hasta 1987. Posteriormente fue trasladado al Seminario “San José” de La Plata donde se desempeñó como secretario, formador y profesor de seminaristas. En 1990 el entonces Obispo de Venado Tuerto Mons. Paulino Reale lo designó Vicario General de la Diócesis, cargo en el que fue confirmado por el actual Obispo Mons. Gustavo Arturo Help.

Fue designado por el Papa Benedicto XVI Obispo de Río Cuarto

El Papa Benedicto XVI designó Obispo de Río Cuarto a Monseñor Eduardo Eliseo Martín Downes, actual Vicario General de la Diócesis de Venado Tuerto, Párroco de la Iglesia Catedral de la Inmaculada Concepción e integrante de la Comisión Directiva de la Sociedad Argentino Irlandesa de esta ciudad.

“El padre Eduardo”, como se lo reconoce familiarmente en la comunidad, asumirá sus funciones antes del 20 de junio próximo en reemplazo de Monseñor Ramón Artemio Staffolani, actual Obispo de Río Cuarto, a quien le fuera aceptada la renuncia presentada al cargo al haber cumplido la edad que indican las normas canónicas.

La noticia, que fue comunicada por el Nuncio Apostólico, Monseñor Adriano Bernardini a través de la agencia católica AICA simultáneamente con la publicación en Roma, fue recibida con alegría por todos los venadenses, pero también con un dejo de tristeza por el alejamiento físico del padre Eduardo, a quien todos reconocen poseer ese don tan especial con que Dios premia a las buenas personas: un Sacerdote digno y fiel amado por todos.

Recordemos que el 26 de diciembre pasado el padre Eduardo cumplió 25 años sacerdotales simultáneamente con sus 52 años y que fue agasajado por toda la comunidad de Venado Tuerto y el clero diocesano, cuyos pormenores fueron publicados por The Southern Cross en su edición del mes de febrero.

Mons. Eduardo Martín Downes nació el 26 de diciembre de 1953 en Venado Tuerto. Hijo de Eliseo Martín y Julia Ana Downes Kenny. Cursó sus estudios primarios y secundarios en el Colegio de los Hermanos del Sagrado Corazón para luego ingresar a la Facultad de Química de la ciudad de Santa Fe. Fue en aquella circunstancia que descubrió su vocación para el sacerdocio y abandonó sus estudios para ingresar al Seminario Mayor “San José” de la ciudad de La Plata, donde obtuvo el título de profesor de Filosofía y Pedagogía. Posteriormente fue ordenado sacerdote por el Obispo de Venado Tuerto Monseñor Mario Picci el 26 de diciembre de 1980. Al poco tiempo de su ordenación fue nominado al frente de la Parroquia San Cayetano, cargo que ejerció hasta 1987. Posteriormente fue trasladado al Seminario “San José” de La Plata donde se desempeñó como secretario, formador y profesor de seminaristas. En 1990 el entonces Obispo de Venado Tuerto Mons. Paulino Reale lo designó Vicario General de la Diócesis, cargo en el que fue confirmado por el actual Obispo Mons. Gustavo Arturo Help.

Desde estas páginas queremos felicitar al Padre Eduardo. Consideramos que este nombramiento a ejercer un cargo con mayores responsabilidades se enmarca en un justo reconocimiento a quien ha sabido desempeñar su ministerio con la fidelidad y humildad que toda misión apostólica requiere. El padre Eduardo es un hombre de agenda abierta permanentemente y sabemos que su ritmo de trabajo seguirá siendo acorde a las responsabilidades que el accionar misionero le exija.

A los feligreses de la Diócesis de Río Cuarto sólo nos resta decirles que Dios los ha bendecido con esta designación, y que los venadenses nos sentimos felices de que reciban a uno de sus hijos, y aunque nuestro corazón esté desconsolado, siempre estará abierto a los designios del Señor.


En Agosto de 2014 fue nombrado por el Papa Francisco, Arzobispo de Rosario (Santa Fe).


Rvdo. P. Pedro Richards CP
* 31/12/1911 - + 30/10/2004

La Sociedad Argentino Irlandesa de Venado Tuerto participa el fallecimiento del R.P. Pedro Richards C.P., misionero de origen irlandés y fundador del Movimiento Familiar Cristiano. El P. Richards falleció el 30 de
octubre de 2004 y sus restos fueron sepultados en el cementerio del Monasterio de la Congregación Pasionista en Capitán Sarmiento. Nuestra comunidad ruega una oración en su memoria.

El P. Pedro Richards nació en la calle Zaire y Monroe, barrio de Belgrano, el 31 de diciembre de 1911, y fue anotado como Juan Enoch Richards, pero bautizado también como Pedro, nombre que asumió en su vida sacerdotal.

 Hijo de Juan Carlos Richards y María Julia Kehoe, era el tercero de seis hermanos. A los 21 años ingresó a la congregación de los Padres Pasionistas, donde cursó sus primeros estudios eclesiásticos. Posteriormente fue enviado para ampliar sus conocimientos a Escocia y Bélgica, siendo ordenado sacerdote el 25 de agosto de 1940. De ahí en más comienza su tarea apostólica y Venado Tuerto contó con su presencia en el año 1947, cuando junto a otros sacerdotes de la congregación predica durante una semana en la Iglesia Parroquial. En 1948 se dedica a la pastoral familiar, centrando sus esfuerzos en formar grupos de matrimonios, lo que posteriormente dio origen al Movimiento Familiar Cristiano.

Su labor misionera ha sido tan fecunda y prolífica, que demandaría mucho especio comentarla aquí, razón por la que dejaremos que la historia se encargue de recordarlo a él y a otros tantos Misioneros Pasionistas que surcaron nuestra región y se entregaron totalmente a su apostolado sin pedir nada a cambio.

A escasos dos meses de cumplir sus 93 años, el Padre Pedro Richards C.P. quedará en la memoria de la comunidad irlandesa en la Argentina como el símbolo de una época que solidificó los valores de los primeros inmigrantes de la verde Erín.

El Padre Pedro Richards era un asiduo asistente de la comunidad de Venado Tuerto en los años 1950.



NORMA BEATRIZ NOLAN


En un salón versallesco de un afamado hotel internacional fue consagrada Miss Argentina para Miss Universo la bella Norma Beatriz Nolan de 24 años. Blanca, de pelo negro y ojos azules, Norma nació en Venado Tuerto en la provincia de Santa Fe y trabajaba como modelo profesional. En Long Beach, Norma logró el título de Miss Universo para la Argentina venciendo en la noche final a la islandesa Ann Geirsdottir (1ª finalista), a la finlandesa Anja Aulikki Havinen (2ª finalista), la brasileña María Olivia Reboucas (3ª finalista) y a la china Helen Liu (4ª finalista). Norma al igual que sus compatriotas Norma Cáppagli (Miss Mundo 1960) y luego Mirta Massa (Miss Internacional 1967) fue la única en usar el modelo de corona que le colocaron cuando ganó. Después de viajar por muchos países del mundo y entregar su corona, Norma regresó a Buenos Aires y continuó trabajando como modelo. Se casó en 1966 y tuvo una hija llamada Zita Norma Zanotti. Luego de participar como jurado durante la elección de Miss Universo en 1969, Norma se alejó del mundo de la moda y la televisión. Se radicó en Miami, donde tiene una librería. Increíblemente, Norma Nolan fue la única Miss Universo latinoamericana que no participó del programa homenaje que realizó Susana Giménez donde las reinas de belleza fueron entrevistadas y homenajeadas. En la elección de Miss Argentina, Norma fue escoltada por Norma del Valle de 21 años como 1ª princesa, quien también obtuvo el título de Miss Elegancia y fue la Reina de la T.V. en 1958; y por Isabel Laura Riggió, ¨ Miss Capital Federal ¨ como segunda princesa. Entre las seis finalista se clasificó Zulma Faiad, quien se dedicó a la carrera artística como actriz y fue una de las más bellas y famosas de las vedettes entre las décadas del 60 y 80. Actualmente sigue siendo una de las más bellas actrices de comedia de la televisión argentina.



Brigadier EDUARDO FRANCISCO MC LOUGHLIN

 El brigadier (R) Eduardo Francisco Mc Loughlin, nacido en Cafferata, fue una figura trascendente de las Fuerzas Armadas de nuestro país y un importante colaborador de gobiernos democráticos que lo convocaron para actuar en diversas áreas y en variadas funciones. Por caso, fue designado durante la presidencia radical de Arturo Illia como secretario de Aeronáutica, cuando existía ese organismo en

forma dependiente del Poder Ejecutivo, con el rango de ministerio. Más tarde fue llamado a funciones de gobierno por el entonces presidente de facto Roberto Levingston, que lo designó como ministro del Interior. En la cartera de Relaciones Exteriores, cuya titularidad le ofreció el expresidente Alejandro Agustín Lanusse, el brigadier McLoughlin cumplió una destacada actuación e intentó un acuerdo con el gobierno británico por las islas Malvinas. Siendo canciller, en un discurso ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, McLoughlin calificó a las islas como "residuo de una etapa superada de la expansión imperial" y afirmó que la voluntad del gobierno que integraba era continuar las conversaciones con Londres en busca de una solución definitiva "que no puede ser otra -dijo- que el reintegro definitivo de las Malvinas al patrimonio nacional argentino". McLoughlin había actuado como embajador argentino ante Gran Bretaña en 1967 y –previamente- ante la representación de nuestro país en los Estados Unidos. En sus comienzos como teniente primero fue designado miembro de la Comisión de Adquisiciones Aeronáuticas en Europa y agregado aeronáutico en la embajada argentina en Gran Bretaña. Era hijo de Juan MacLoughlin O’Brien y Margaret Doyle Roche y hermano de: Santiago Roberto, Juan Bernardo, Alfredo José, Margarita María y Margarita Elena. Llegó al grado de Brigadier General. Embajador de la República Argentina en el Reino Unido. Fue ministro de relaciones exteriores y culto. Secretario de Aeronáutica. Contrajo matrimonio el 13 de noviembre de 1943 en Corral de Bustos, Provincia de Córdoba, con Mónica Murphy Leahy, hija de Philip Murphy Scanllan y de Mary Leahy Noonan. Sin descendencia.


MARGARITA KENNY McCORMICK

Nació el 9 de mayo de 1915, la destacada artista, discípula de Rosalina Crocco, debutó en el Teatro Colón en 1943 en El ocaso de los dioses bajo la dirección de Roberto Kinsky. Luego de estudiar en Filadelfia, Estados Unidos, bajo la guía de Leonard Warren, se trasladó a Europa donde desarrolló una importante carrera. Cantó El anillo del Nibelungo bajo la dirección de Wilhelm Furtwängler en la Scala de Milán en 1950. Durante 25 años interpretó en la Ópera de Viena los principales papeles de su cuerda, especializándose en el repertorio verdiano y wagneriano. Actuó bajo la dirección de Karl Böhm, Herbert von Karajan y Tulio Serafin, y cantó junto a Kirsten Flagstad, Svet Svanholm y Max Lorenz, entre otros. Bajo la dirección de Clement Kraus, grabó el papel de Herodías de Salome de Richard Strauss, mismo personaje que interpretó en 1975 en el Teatro Colón. Una vez que se retiró se dedicó a la enseñanza en la Argentina, donde tuvo entre sus discípulos a Gloria Sopeña, Beatriz Costa y Carlos Bengolea. Falleció en su ciudad natal el 21 de agosto de 2008 en Venado Tuerto. Sus restos sepultados en Jardín de Paz, cementerio de Pilar, PBsAs.
Padre Edmundo Flannery. 



Este sacerdote nació en Irlanda en 1840 y murió a los 83 años en Buenos Aires el 10 de agosto de 1923, después de ejercer su fructífero y generoso ministerio durante más de cincuenta años en la capilla de San Patricio cercana a Santa Lucía.

Al promediar el siglo XIX, la colonia irlandesa del Río de la Plata había duplicado su número y se expandía en forma notable en la provincia de Buenos Aires. Las grandes distancias, la falta de caminos y las dificultades originadas en la adaptación de los inmigrantes irlandeses al idioma español obligaron a fray Antonio Domingo Fahy, destacado sacerdote dominico llegado a la Argentina en 1844, donde llegó a ser una figura central, a optar por el recurso de formar en Irlanda sacerdotes para la diócesis de Buenos Aires destinados a las necesidades espirituales de sus connacionales.

Así fue que consiguió en Irlanda seis jóvenes que se prepararon en el seminario de All Hallows de ese país, y cuya formación fue costeada por la colectividad irlandesa rioplatense. Terminados sus estudios, llegaron a la Argentina a partir de 1859: se llamaban Tomás Carolan, Miguel Leahy, Santiago Curran, Miguel Connolly, Santiago Kirky y Patricio Dillon. Más tarde, en 1867 y 1868, llegaron otros seis: Patricio Lynch, Samuel O`Reilly, Tomás Mulleady, Félix O`Callaghan, Juan Bautista Leahy y Edmundo Flannery.

A medida que iban llegando, el padre Fahy se ocupaba en iniciarlos en su nueva vida, orientarlos en su misión a cumplir y luego les asignaba el territorio que debían atender.

El Padre Large Michael Leahy fue uno de los seminaristas cuyos estudios cubrió el Padre Antonio Fahy, al ofrecerse para viajar a la lejana Argentina a servir a sus compatriotas exiliados. Al llegar a Buenos Aires, por unos meses asistió al Padre Fahy hasta que fue designado capellán en la zona cuya cabecera era el Fortín de Areco, hoy Carmen de Areco. El área que cubrió y de la que se responsabilizó, abarcaba los partidos de San Nicolás, San Pedro, Arrecifes, Carmen de Areco, Chacabuco, Salto, Rojas y Pergamino, Planeó fundar una biblioteca e inició el proyecto de construcción de una capilla, tan hondamente deseada por sus feligreses. En 1869 se creó otra capellanía cuyo centro era San Pedro. Allí fue designado el Padre Edmundo Flannery y comprendía San Nicolás, Pergamino y Arrecifes

El Padre Flannery reemplazó al anterior a fines de 1869 y llevó adelante el proyecto de construcción de la capilla de San Patricio, que junto con la casa para el capellán se terminaron y se inauguraron en 1876. Una nota periodística se refirió al suceso en estos términos: “La capilla y la casa para el sacerdote construidas por los feligreses del Padre Flannery, sobrepasan cualquier otra cosa semejante que yo haya visto en el país. Las nuevas edificaciones se levantan sobre un terreno alto; la iglesia es una hermosa construcción con una torre que se ve desde mucha distancia. La casa para el capellán es un sólido edificio de ladrillos de cinco piezas. El celoso pastor merece el más fervoroso aplauso por sus esfuerzos”. Poco después de la inauguración, el Padre Flannery dio a conocer el siguiente informe: “Todos los irlandeses de la vecindad y muchos nativos han suscrito con generosidad. Las cuentas dicen: Costo de la iglesia: $261.402; colectas: $195.846; deuda: $65.556. El edificio tiene 80 pies de largo, 26 de ancho y 30 de alto. El Deán Dillon asistió a la consagración”.

Lamentablemente, esa inolvidable joya levantada con tantos esfuerzos fue absurdamente demolida, cuando aún no había cumplido cien años, sin que nunca se aclararan las razones que pudieron existir para que las autoridades eclesiásticas ordenaran o permitieran la destrucción de este valioso patrimonio histórico cuando tenía solamente 98 años de antigüedad, suceso del que los pobladores se enteraron cuando ya se había consumado. Sólo se recuperó mucho tiempo después, muy trabajosamente, la campana, que está ahora en la cercana iglesia de Santa Lucía, y no es posible documentar el destino corrido por los hermosos vitrales y demás elementos, ya que todas son versiones poco claras. Las autoridades que debieron hablar callaron, y siguieron por años amparándose en un vergonzoso pacto de silencio.

Ha pasado mucho tiempo, pero ese tristísimo episodio no cayó en el olvido: siempre se evocará con nostalgia la añorada presencia de ese entrañable símbolo que era para todos la vieja capilla, con su airoso perfil recortándose en los campos que cimentaron su construcción en aquel lejano 1876.


A ochenta y seis años de su muerte evocamos la memoria del Padre Edmundo Flannery, sobre la que aún queda pendiente un desagravio. Más de medio siglo atendiendo a sus feligreses en la soledad de los apartados campos de aquella época, es una singular razón para merecer nuestro agradecido recuerdo.

El Padre Flannery era muy apreciado por la comunidad de Venado Tuerto a la que visitaba con frecuencia en los años 1915/20.



Don Eduardo Casey O'Neill

El descubridor de las bondades de los campos de Venado Tuerto fue Eduardo Casey, un argentino descendiente de irlandeses. Nació en la estancia “El Durazno” (Lobos), el 20 de abril de 1847, y obviamente heredó el instinto irlandés de conocer la calidad de los campos. Casey era un hombre de gran corazón y brillantes ideas, y si se hubiera ocupado de los pequeños detalles, habría acumulado una de las fortunas más grandes de toda sur América. Inclinado a los grandes negocios, fracasó en todos por no haber aplicado aquel refrán que dice: “Encárgate de las monedas, que los billetes se cuidan solos”. Casey no llevaba libros contables y delegaba todos sus asuntos financieros menores a sus colaboradores.

El 25 de mayo de 1877 contrajo matrimonio con María Inés Gahan, hija de John Gahan (que participó de la segunda excursión de Casey a los campos del Venado Tuerto) y Mary Devitt. Tuvieron cinco hijos: 1) Ángela, nacida el 02/10/1879 y fallecida el 17/02/1953, contrajo matrimonio con Julián Duggan (con sucesión). 2) Arturo Eduardo nacido en 1881 y falleció el 15/12/1882.  3) Elena que nació el 13/08/1883 y falleció soltera. 4) Lily que nació en 01/05/1886 y falleció soltera. 5) Vicente que nació el 22/01/1888 y falleció soltero el 02/091933.

Estuvo asociado con los Duggan, una de las familias más acaudaladas de la Argentina. Su hija se casó con Tomás Duggan, lo que le significó un gran respaldo económico. La primera operación bursátil de gran escala fue la adquisición de unas cien leguas al sur de Buenos Aires, realizada desde Plaza Montero, a la sazón concesionaria gubernamental de las tierras del “Curamalál”. Posteriormente formó otra sociedad con Gilmour y R. Inglis Runciman en los distritos de Venado Tuerto y Loreto. El primero de setenta y dos leguas y el segundo de cien. Ambas operaciones fueron buenas y transparentes. Posteriormente, y con el respaldo financiero de Tomás Duggan, levantó el Mercado

Central de Buenos Aires que, con el tiempo fracasó. Tomás Duggan debió hipotecar sus bienes por el término de diez años, entre ellos dieciocho estancias. Poco tiempo después de esta operación, fallecieron Daniel y Miguel Duggan, hermanos de Tomás, dejándole una herencia fabulosa. Naturalmente los acreedores corrieron a exigirle que saldara su deuda, pero él les respondió que, al habérsele negado el crédito cuando lo necesitaba, ahora tomaría el tiempo acordado para su devolución, de manera que los dejó plantados esperando que se cumplieran los diez años para su cancelación. Decían que Tomás Duggan solía entretenerse yendo al Mercado Central y contarles a sus amigos que cada uno de los ladrillos del edificio representaba un dólar para su bolsillo.

Además de estas actividades, Casey tuvo amplia participación en obras públicas en Montevideo, a través de la construcción de edificios y hoteles. Pero las cosas no andaban bien y nuevamente se encontró en dificultades económicas, por lo que se vio obligado a recurrir nuevamente a préstamos hipotecarios. Esta vez fue la Baring Bros. la que facilitó el crédito hipotecario sobre los campos del “Curamalál”. Estos negocios, además de los del Mercado Central, terminaron por fundirlo.

Demás está decir que la Baring Bros. se adueñó del “Curamalál”, que también derivó en una quiebra que fue salvada por el Banco de Inglaterra. La Baring vendió la mayoría de esos campos a la financiera alemana Tornquist, la que posteriormente los revendió fraccionados, cuyos porcentajes de utilidad alcanzaron entre los 700 a 800 por ciento. ¡Y pensar que la Baring pudo haber hecho lo mismo!

Eduardo Casey fue uno de los fundadores del Jockey Club junto con el señor E.T. Mulhall, dueño del conocido periódico “The Standard”. También fundaron el “Bread and Butter Club”, (Club Pan y Manteca) de efímera duración. Ambos tuvieron participación en el Banco de Irlanda en Buenos Aires, pero la entidad no tuvo implicancias en la quiebra de Casey. En tanto Mulhall, que había tenido éxito en los negocios, fue considerado por Casey como “el único de sus amigos que no había fundido”.

No caben dudas que Casey nació cincuenta años antes de tiempo. Sus ideas y planes eran brillantes y posibles, por lo que resulta patético pensar que un hombre como él, que alguna vez pensó en iniciar una carrera política con miras a la Presidencia de la Nación, haya muerto en la total miseria y desamparo.

Pero justo es reconocer que, si bien murió en la mayor de las pobrezas económicas, dejó tras de sí un sinnúmero de amigos que lo consideraban una persona generosa, abierta y transparente. Contar la historia de Casey sería muy interesante, pero eso demandaría mucho más que todo este libro.
 (“Work and Play in Argentina” – John Macnie – Londres 1924)

“El 23 de julio de 1906, desgarrado moralmente, cruelmente ignorado, pero aún con sueños que sabía irremediablemente inalcanzables, bajó el gran celta sus vigorosos brazos y dejó que una máquina de maniobras, cerca del Mercado Lanar de Barras, lo transportara metafísicamente a sus ilusiones pasadas” (sic) (“Irlandeses, Eduardo Casey, Vida y Obra” de Roberto Landaburu - Pág. 194).

Tal vez el historiador Julio A. Costa haya sido quien hizo la más fiel descripción de Don Eduardo Casey, teniendo en cuenta que lo conoció personalmente. He aquí un fragmento de su libro “Semblanzas Históricas, páginas de mi diario”:

“En la tierra argentina, vasta y desierta, primero es la espada, después el arado, después el comercio y la escuela. Primero el latifundio, después la estancia, la chacra, la colonia y la cultura.

Así Curamalal. Primero los avanzados capitales de lejana frontera, desalojando al indio que dio al valle y a la sierra sus nombres compuestos, quichuas o araucanos, títulos graníticos de su antiguo señorío. Después los concesionarios que se asomaron al desierto con los latifundios de cientos de leguas. Y después Don Eduardo Casey, en 1884, que, basándose en capital propio, del levantado entre sus amigos irlandeses con su palabra influyente y de un crédito de setecientos mil nacionales acordados por el Banco Hipotecario, y con la gerencia infatigable del pionero canadiense Don Juan Sewell, puebla el latifundio de Curamalal...

Hizo en el latifundio santafesino otra gran colonia ganadera y agrícola, en el paraje tradicionalmente conocido con el nombre de Venado Tuerto. Leguas y leguas de alfalfa, miles de novillos, casi puros, invernando en la inmensa pradera, el verde infinito del maizal, la rubia mies espigando de oro el horizonte y el desierto matizado con quintas y pueblos, tal fue la transformación maravillosa del pajonal santafesino entre las manos ágiles del vigoroso luchador.

Parecían ellas sacar del mismo sol de 1810 su poder fecundante para animar con el aliento de la civilización y del progreso, aquella pampa legada intacta por la colonia, que había transportado a la llanura sudamericana, el soplo helado del Escorial.

A Eduardo Casey le llegó, al final, el derrumbe como a todos los precursores que, avanzándose demasiado sobre los lindes del tiempo, pierden pie y caen al abismo.

Su ruina fue el Barrio Reus, de Montevideo. El Reus fue la primera iniciativa de los grandes barrios suburbanos con casas confortables y baratas para obreros, que ahora son preocupación primordial de la legislación argentina y que continuará más tarde en Montevideo con éxito merecido ese otro trabajador oriental, Don Francisco Piria, el fundador de Piriápolis. La especulación en su vértigo arrastró a los especuladores hasta el fondo del barranco y se tragó 37 millones en los que se fueron Curamalal y el Venado Tuerto junto con los capitales irlandeses ganados peso a peso, kilo a kilo sobre el rubio vellón de las majadas. El luchador celta quedó nocaut y pasaron sobre él los diez segundos de la mala suerte.

Más tarde se incorporó todavía y fue a Londres a financiar trabajosamente el ferrocarril Midland. De día aparecía en la Bolsa Mundial como espectro de la fortuna desvanecida, tratando de manipular reacios millones, y de noche se refugiaba en la buhardilla de un hotel, donde los trasnochadores de la City podían percibir en la madrugada la luz mortecina que oscilaba entre las columnas de números de insomne fantasía.

Por fin financió la ardua empresa y regresó a Buenos Aires con cien mil libras esterlinas de ganancia propia que invirtió íntegramente en pagarle a toda la gente pobre que había depositado en su casa.

Después murió prematuramente de pena por no poder cumplir con todos sus compromisos y con la amargura de su honradez ingénita, que no habían enervado los cracs financieros. Tenía 59 años cuando murió pobre y olvidado, con la inhibición total de bienes, esa fuente civil de trabajadores audaces, cuya derogación propuse al Senado de Buenos Aires y, como es natural, la detuvieron los acreedores, poco filósofos.

Don Eduardo Casey había trabajado mucho para todos y mal para sí mismo, a diferencia de los parásitos que se enriquecen sin hacer nada con el trabajo de los demás. Era hijo de irlandeses, nacido en la Estancia “El durazno” en Lobos, Provincia de buenos Aires y tenía la fantasía y tenacidad de su raza.

Su última creación fue el Marcado Central de Frutos, monumento al trabajo y a la riqueza que cubre varias hectáreas en la populosa Avellaneda y cuya vasta mole contemplan los presentes y contemplarán las futuras generaciones, colosal como la cosecha argentina y por dentro de otro macizo como los templos del Sol.

A su entrada, tallada en el granito de Cúramela, donde él hizo surgir el agua de la roca y el maná del fértil valle, debiera levantarse la estatua de Don Eduardo Casey, en su alta y distinguida figura, vestido con su levita cruzada, de cara al Sur oscuro, y con la larga barba al viento y a la tormenta como el obrero bíblico. 







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